Mindfulness…esa palabra

Permítaseme la broma de título de este artículo que a continuación pretendo explicar. Mindfulness es una palabra que a todos se nos ha hecho familiar, dada la multitud de ofertas que nos llegan desde diferentes contextos, como aquellos en los que se aborda el crecimiento personal y el manejo de la propia vida y la experiencias de disconfort o malestar emocional.

Mindfulness, palabra inglesa que significa “atención plena”: atender de manera consciente a algo sin dejarnos entretener o atrapar por cualquier otro pensamiento o tarea. Es decir, observar aquello a lo que estamos prestando atención, sin juicios y con aceptación.

En Ingles, también se usa la palabra “Meditation” para designar este acto de observar, por lo que usamos también  la palabra meditación. Meditación significa pensar en algo detenidamente, por lo que el uso de esta palabra nos confunde, ya que no se trata de pensar y encontrar soluciones, sino de observar aquello que sentimos sin juicios ni valoraciones. Lo que se busca es tranquilizar la mente, para poder tomar las decisiones que decidamos sin la presión de las emociones que nos empujan a obrar o comportarnos de alguna manera que no nos beneficia, o de la que después nos arrepentimos.

Tenemos una maravillosa palabra en nuestro idioma que significa exactamente lo que quiere decir esa palabra inglesa, y es “CONTEMPLAR” que tiene estas acepciones según la RAE:

  1. Poner la atención en algo material o espiritual.
  2. tr. Considerar o tener presente algo o a alguien.
  3. tr. Complacer excesivamente a alguien o ser condescendiente con él, por afecto, por respeto o por interés.
  4. tr. Rel. Dicho del alma: Ocuparse con intensidad en pensar en Dios y considerar sus atributos divinos o los misterios de la religión.

Creo que tener en cuenta la primera acepción, nos ofrece claridad acerca del concepto que queremos explicar.

Otro punto que me gustaría aclarar, es que con la contemplación o mindfulness, no vamos a solucionar los problemas de nuestra vida. Esto requerirá actuar sobre ellos, o dado el caso, prestando atención consciente, contemplando el malestar que nos produce, aceptándolo y no obrando de ninguna manera, si es que es esa la alternativa que elegimos. Para ello, a través de la contemplación o meditación, podemos conseguir “calmar las aguas para poder ver con claridad”  que es la imagen perfecta que define un estanque de aguas revueltas que nos impide ver el fondo.

A través de la contemplación o meditación, podemos actuar de manera consciente (en vez de inconsciente o impulsivamente, o con el piloto automático) y tomar las decisiones que más nos ayuden en nuestra vida.

Es una práctica que se ha demostrado útil y efectiva en múltiples abordajes terapéuticos, como en el rendimiento académico, en las fobias, en el rendimiento deportivo, el control de la ira … etc. Y cómo no, en el conocimiento de uno mismo.

Angela Sánchez. Psicóloga